Entre todos la mataron… y ella sola se murió

El próximo 28 de Febrero de celebra el día de Andalucía. Festejo marcado, invariablemente, por el reparador desayuno molinero, muy similar al pan con tomate catalán; por la ofrenda de flores ante el monumento erigido al considerado padre de la “patria andaluza”, a Blas Infante, y por el canto coral del himno de Andalucía por todo el territorio de nuestra comunidad autónoma. Se conmemora, en esta señalada fecha, el apoyo que la mayoría de los andaluces dimos a la transformación que suponía pasar, de región a comunidad autónoma, con los mismos derechos y al mismo nivel que los países del norte hispánico.
El sur abandonó, de manera inesperada, su tradicional conformismo y exigió que se le midiera con el mismo rasero que se usaba con las ricas nacionalidades históricas,- si exceptuamos a Galicia-, que, como nosotros, mantenía un considerable retraso en lo económico, en lo social y en casi en todas las tasas, índices y tablas que revelan el desarrollo o subdesarrollo de una comunidad.
Recuerdo, porque estuve allí, la multitudinaria manifestación que recorrió las principales avenidas cordobesas, solo equiparable en la actualidad, a las algaradas y celebraciones, que tras las victorias de la selección nacional, ‘La Roja’, para más señas, celebran decenas de miles de aficionados en pedanías, aldeas, villas, ciudades y capitales de provincia de todo el territorio nacional.
Una marea blanquiverde, -perdonadme este recurso tópico ineludible-, sumergió, como tsunami humano, a las escasas banderas españolas que ondeaban en las terrazas de últimos pisos de los edificios que se asomaban a las avenidas. Cualquier signo coloreado de rojo y “gualda”, era vituperado por los vociferantes manifestantes que no dejaban de agitar las grandes banderas blanquiverdes que jalonaban la corriente andalucista. Se suponía que éramos andalucistas todos los que estábamos allí, los que queríamos una Andalucía que tomará las riendas de su destino dentro de la nación española. No queríamos ser ni menos que otros, ni más que nadie. Y así lo manifestamos, así lo entendieron…. y así nos lo permitieron.

Fue una consecuencia del peso histórico y demográfico que tiene nuestra tierra, y de fuerza centrífuga que actuaba en aquella época en el estado español. No debemos olvidar nunca que el sur de la península ibérica no ha sido siempre una tierra en vías de desarrollo, como es en la actualidad. Desde el principio de los tiempos, las costas andaluzas han sido holladas por la avanzada de las grandes civilizaciones e imperios que han dominado la cuenca mediterránea. Y fue también, desde Andalucía, de donde partieron las naos que cruzaron la mar oceana, arribando a un nuevo mundo para los europeos, que no para los que habitaban en esas lejanas tierras de ultramar.
Ese impulso, el nacionalista, fue flor de un día. Mantuvo, durante algunos años, un pequeño retén en el Congreso de Diputados, que fue perdurando a duras penas apegándose a uno de los dos grandes partidos políticos de ámbito nacional, extinguiéndose, al final, como en su día les sucedió a los dinosaurios.
Los mismos que nos permitieron que alcanzáramos la autonomía por la vía “rápida”, los grandes partidos nacionales, son los que nos han mantenido en el dique seco de la economía, de la industria, de la educación y del desarrollo durante todos estos años, y permitiendo que el transatlántico andaluz abandonase el puerto sin las debidas garantías de que se mantuviera a flote. De manera que cualquier tormenta le abre grandes vías de agua por todos lados, al tiempo que los capitanes, -que conocen el estado del barco y la calaña de la tripulación-, se deslizan por el costado de estribor al grito de “sálvese quien pueda”, en busca del bote de salvamento enviado por el almirantazgo del partido nacional.
Canta el himno de Andalucía que los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos; ¡pues sí señor!, eso es lo que queremos, ser lo que fuimos y no a lo que hemos llegado. Queremos ser mujeres y hombres de luz; de la luz del conocimiento, de la sabiduría, del progreso, de la solidaridad, de la convivencia y de la cultura y que no se nos menosprecie, ni se nos ridiculice, ni se nos vista de camareros, ni de sirvientes, ni de empleadas del hogar, ni de porteros de comunidades vecinales.
Hemos dado a España más de lo que España nos ha dado a nosotros y somos más España que nadie, a ojos del mundo. La deuda histórica se ha saldado y seguimos igual o peor, porque ya no nos deben nada. Y es que además, ya no se fían de nosotros, pues muchos de nuestros dirigentes, aquellos a los que les hemos dado nuestra confianza para que gestionen nuestros recursos, los han hecho suyos.

Vamos a celebrar otro día más de una Andalucía parada, callada, sujeta y resignada. Ya lo dijo uno de los grandes poetas que ha parido nuestra tierra: “Andaluz que vienes al mundo te guarde Dios…. porque si quieres vivir y a vivir empiezas lo harás entre una Andalucía que se muere y otra que bosteza”.
Siento ser tan pesimista pero mandan las circunstancias, el tiempo apremia y nuestra juventud huye a países con más oportunidades de futuro.