Una batalla. Un Rosario. Una Feria

Una ligera brisa marina se levantó con las primeras luces del alba. Las galeras, tras levar anclas, comenzaron a cortar el agua, cabeceando bajo el lento y monótono impulso de los remos. Solo se oía el sordo rumor del rezo con el que la tropa, dispuesta en orden de batalla, rogaba a la Virgen una pronta y segura victoria. Terminado el rezo del rosario, se ordenó arbolar todos los crucifijos y estandartes de la escuadra y con gran griterío y grandísima devoción, toda la armada se postró para recibir la absolución que los padres capuchinos impartían de proa a popa. Hallábase el sol en la mitad de su curso, el domingo, 7 de Octubre de 1571, cuando se oyeron los primeros cañonazos que dieron comienzo a la batalla de Lepanto.

A cientos de kilómetros de distancia, en Roma, capital de los estados vaticanos, Pio V aguardaba el desenlace de la batalla imponiéndose un estricto ayuno y rezando el rosario ininterrumpidamente. No llegaban noticias de ninguna clase. Dos semanas más tarde, la larga espera concluyó. En la madrugada del 22 de Octubre, el Papa fue despertado con la buena nueva. No tardó en proclamarla, esa misma mañana y desde los balcones de la basílica de San Pedro, a toda la cristiandad, consagrando el 7 de Octubre a Nuestra Señora de las Victorias.

Fue Gregorio XIII, sucesor de Pio V, el que consagró el 7 de Octubre a Nuestra Señora del Rosario al considerar que fue el rezo del rosario el que propició la victoria.

Numerosas capillas y cofradías bajo su advocación surgieron por todo el orbe cristiano. Entre ellas la cofradía de la Virgen del Rosario de nuestro pueblo, que ya el 3 de Febrero de 1595 recibe la visita del licenciado Alonso Esquerra, Vicario General del Obispado de Córdoba. No habían pasado 25 años de la victoria de Lepanto.

Sin embargo, Almodóvar del Río celebraba su fiesta mayor el 30 de Noviembre, coincidiendo con la festividad de San Andrés, que a la postre era su patrón y que continuó siéndolo hasta 1844, año en que el Ayuntamiento dedica una partida para los gastos de la festividad en honor a la Virgen del Rosario, que en adelante ocuparía el lugar de San Andrés, como patrona del pueblo.

Por tanto el 7 de Octubre de cada año los almodovenses lo que en el fondo celebramos bebiendo vino, cerveza y lo que se tercie, comiendo lo que nos echen y bailando lo que nos pida el cuerpo hasta la madrugada del día siguiente es la victoria de la armada de la Santa Alianza en la batalla de Lepanto, que no es batalla de tres al cuarto sino de las que hacen historia.

Porque lo que es innegable, y a cualquiera que lo ponga en duda se lo discuto, es que no hay mejor feria en toda la comarca que nuestra feria “lepantina”, gracias a la bondad de las temperaturas otoñales que permiten disfrutar de ella casi las 24 horas a los más mayores y la jornada completa a los que todavía pueden mojarse la barriga.

Fue despojado San Andrés de cargo y festejo hace más de siglo y medio por una virgen que intercedió, rosario en mano, para que los cristianos vencieran en marina lid, desapareciendo de la memoria colectiva de los cucos sin dejar la más mínima huella de su paso por el patronazgo almodovense. Que cómo se desvaneció su imagen del imaginario común es un misterio que D. Francisco Naz, ilustre cronista oficial de la villa de Almodóvar del Río aun no ha desvelado, pero pude suponerse, -es una hipótesis personal no contrastada-, que los rigores de una feria celebrada a las puertas del crudo invierno no jugaron, precisamente a su favor, obligando a las autoridades locales a buscarle mejor acomodo en fechas más cercanas al periodo estival. Hipótesis que se vería reforzada si se incluye al apoyo administrativo de una cofradía añeja y consolidada que contaba con una poderosa arma de persuasión en su arsenal. Arma que había demostrado su eficacia en la batalla de Lepanto. El rezo del rosario.
Antonio Rocha Muñoz