Rafael Pérez Sánchez. Impresor de los de antes.


“Para mí, este es el oficio más bonito que existe. Con estas máquinas se puede imprimir hasta una piedra”.
Rafael tiene 71 años, es cordobés de nacimiento y es vecino de los Mochos. Ha dedicado su vida al trabajo de imprenta. Comenzó trabajando con 8 años en la capital en la Imprenta La Verdad en la cuesta de Luján Empezó como “cajista”, aprendiendo donde estaban cada uno de los tipos (letras) para preparar los moldes. Luego trabajó en una imprenta que tenía un cura en una iglesa de Valdeolleros, después en la imprenta La Moderna. A los 21 se independizó como impresor y directivo en la Huerta de la Reina montando “Imprenta La Reina”. Fueron las cosas mal y se retiró. Se jubiló en la distribuidora de material Navas Lunas de la Torrecilla después de 15 años trabajando.
En su imprenta llegó a tener hasta 15 máquinas. Cuando se retiró se trajo a los Mochos las más imprescindibles. En su taller podemos ver una Minerva Cilíndrica que es una imprenta manual que hace 1.000 impresiones a la hora. Sirve sobre todo para tarjetas y estampas. Consiste en rulos de goma que van entintados, suben y bajan mojando el molde con los tipos. El problema de la manual es que hay que meter el papel uno a uno.
Otra joya que atesora es la impresora Minerva Original Heidelberg una impresora automática alemana de 1960, que puede tirar 5.000 papeles a la hora y como dice Rafael: “si pudiera cogerlas con las pinzas, imprimiría hasta una piedra”. Es la mejor máquina que existe. En su época era la más moderna y mas cara. Le costó 3.000.000 de las antiguas pesetas. Como corresponde, tiene las cajas con toda la tipografía en perfecto estado. Conserva otros elementos como guillotinas, perforadoras, taladros. También tiene impresoras modernas digitales pero no le gustan tanto como las tradicionales. Si se va la luz las digitales no funcionan.
La tinta de imprenta es diferente a la digital ya que va disuelta con gasolina. La tinta offset va disuelta con agua. Estas máquinas no se pueden perder porque realizan tareas que las máquinas digitales no hacen. Con estas máquinas la tinta no se borra como los tipos además de entintar graban el texto en el papel. Se pueden imprimir cualquier tipo de papel. Con una gota de agua se borra. En estas máquinas puedes imprimir incluso una piedra. Rafael sigue activo haciendo tarjetas, tickets, entradas de cine, de teatro, perforaciones, numeraciones troquelado… trabajos que le encargan tanto particulares como imprentas de Córdoba.
Ninguno de sus hijos ha aprendido el oficio. El más pequeño de 16 años es el que tiene alguna inquietud por esto, ya que quiere estudiar Diseño gráfico. Ahora se trabaja con ordenadores y máquinas digitales. El problema de las impresiones digitales es el agua y la humedad que deterioran rápidamente el texto.
Tiene puestas todas las máquinas a la venta. Le gustaría que sus máquinas siguiesen funcionando, no quiere verlas cubiertas de telarañas en su taller. El que compre las máquinas tiene que conocer el oficio o aprenderlo, cosa que hoy se ha convertido en algo casi artesanal.